Por Sathya Sai Baba

Las ciudades se han vuelto tormentosos mares, agitados por olas violentas, y los habitantes se mueven en botes sacudidos por los elementos y rodeados de oscuridad. Para estas personas desesperadas, el ideal espiritual que brilla intensamente es la única guía hacia la seguridad. El campo está siendo matizado con rapidez por la cultura de las ciudades y el dolor se va extendiendo por todas partes. Éste es el espíritu de los tiempos. Envuelto en este espíritu, el hombre acumula en su mente todo tipo de deseos, y cuando no los puede satisfacer, se desespera y termina su vida en un horrible dolor. El hombre se olvida de que el deseo más íntimo que debe ser acariciado, es el deseo por Dios y por la autorrealización. Los demás son inferiores y sin sentido. El hombre ha sido dotado con el poder del discernimiento entre lo bueno y lo superficialmente agradable, pero no lo cultiva ni se beneficia de ello.

Los hermanos Pandavas fueron muy afortunados. Dharmaraja, el mayor, sobresalió para llegar a ser emperador. El segundo fue el indomable Bhima, armado con la poderosa maza. El tercero fue Arjuna, hijo del señor de los dioses, Indra. El Señor prodigó su gracia sobre Arjuna y se dignó servirlo en batalla como su auriga. A pesar de estas ventajas, afrontaron grandes tragedias en la vida. ¿Cuál es la lección que sus vidas enseñan? Nadie puede predecir qué calamidad le llegará a quién y en qué momento. Todo depende de la voluntad de la providencia; todo sucede de acuerdo al plan divino.

Exactamente, ¿dónde vive Dios? Está en todas partes, en todos los seres. Se le llama Omnisciente y Omnipresente. Él es amor, y el amor se difunde por todas partes. Eso es todo lo que tenemos que saber. No hay ningún ser que no tenga un indicio de amor. El amor lleva a la bienaventuranza pura y duradera. Muchos buscan esta bienaventuranza a través de las relaciones con los individuos; otros tratan de obtenerla adquiriendo fama, poder, riqueza, etcétera; unos pocos intentan obtenerla mediante la renunciación de las posesiones materiales y de los placeres mundanos. Sólo el desapego puede otorgar bienaventuranza. Las Upanishads proclaman que sólo la renunciación puede traer la bienaventuranza de la inmortalidad. Se deben ignorar todos los vínculos de familia y amistad, renunciar a todo apego y afecto, y en el corazón liberado así, instalar a Dios en toda su gloria. Éste es el único medio para obtener una bienaventuranza perdurable y completa.

Los Yadavas de Dvaraka estaban muy apegados a Krishna por vínculos familiares y se sentían muy felices y orgullosos de esa relación. Pero, ¿cuál fue su suerte al final? Lucharon entre ellos y se destruyeron. Las gopis, sin embargo, instalaron a Krishna en sus corazones, se sobrepusieron a sus pequeños egos y se identificaron con el Señor; así alcanzaron la meta. La entrega es el secreto del triunfo espiritual.

Fuente: Discurso del 25 de Enero de 1979.

Deja un comentario!