El movimiento de Schoenstatt fue fundado el 18 de octubre de 1914, cuando el Padre José Kentenich, director espiritual de un colegio de seminaristas de los Padres Palotinos en Vallendar, Alemania, sellaron la “Alianza de Amor” con la Virgen María en una pequeña capilla, ahora conocida como el Santuario Original de Schoenstatt. Los seguidores de la Virgen de Schoenstat se ponen como meta “la renovación moral y religiosa del mundo entero en el espíritu de Cristo de acuerdo a la enseñanza de la Iglesia”. Schoenstatt,  significa «lugar hermoso», por haberse fundado en un pueblito del mismo nombre, en la pequeña ciudad de Vallendar, cerca de Coblenza, en Alemania.

Es común que nos preguntemos: ¿Por qué hay tantas advocaciones diferentes de la Virgen María? La respuesta es simple: No es que haya diversas Vírgenes, por más que hablemos de la Virgen de Luján, la Virgen de Fátima, la Virgen de Lourdes, de María Auxiliadora… o cualquier otra de las múltiples advocaciones o títulos existentes. Para comprenderlo, podríamos cambiar la preposición “de” por la preposición “en”. Existe una única y misma Virgen María, Madre de Dios y Madre de todos los hombres, que se ha manifestado -y manifiesta- en diversos lugares: en Luján; en Itatí; en Lourdes o como María Auxiliadora. Al hablar de la Virgen de Schoenstatt, queremos decir lo mismo: es la Virgen María que se ha manifestado en Schoenstatt.

Madre

Cristo, al morir en la cruz, nos dejó a María como nuestra Madre. Ella también es Reina si le damos el poder de actuar en nuestras vidas para conducirnos a Dios y utilizarnos como sus instrumentos. En la historia de la Obra de Schoenstatt se ha manifestado como Victoriosa en innumerables situaciones difíciles. También puede serlo en nuestras vidas. La Santísima Virgen es tres veces Admirable como Madre de Dios, Madre del Redentor y Madre de los redimidos. Es admirable por su fe, por su esperanza y por su caridad. María eligió el lugar de Schoenstatt para actuar desde allí con su misión especial de Madre, Reina y Educadora en nuestras vidas.

María es venerada en Schoenstatt bajo esa advocación. El nombre “Madre tres veces Admirable” (en latín Mater ter Admirabilis, y abreviado MTA), proviene de Ingolstadt, al sur de Alemania. En el siglo XVI, época de la reforma protestante, los miembros de la Congregación Mariana de Ingolstadt habían actuado activamente y con gran fecundidad en la defensa y propagación de la fe católica. En esa Congregación veneraban a María como “Mater ter Admirabilis”. En la época de la fundación de Schoenstatt, los jóvenes que habían sellado la Alianza de Amor, querían ser para su tiempo lo que aquellos congregantes marianos de Ingolstadt habían sido para el suyo, por eso quisieron tomar el nombre de su advocación y venerar a María como “Madre tres veces Admirable de Schoenstatt”.

Reina

Más tarde, en 1939, se añadió al nombre oficial de la Virgen de Schoenstatt la palabra: “Reina”. Schoenstatt era perseguido por el gobierno alemán. El Padre Kentenich comparó esta lucha, en su momento, al enfrentamiento del pequeño David con el gigante Goliat. Surgió entonces en las filas de Schoenstatt una corriente de coronación: reconocer que María, en la Alianza de Amor, no sólo es Madre, sino que también tiene poder de Reina y, como tal, puede contar –más allá de nuestro desvalimiento humano– con nuestra fidelidad de aliados e instrumentos suyos, también en las circunstancias más difíciles.

Victoriosa

El título de “Victoriosa” surgió hacia el final de la vida del Padre José Kentenich, en 1966. Después de 14 años de haber sido separado de su Obra por la Iglesia, el Papa Pablo VI declaró su rehabilitación al final del Concilio Vaticano II, y así el Padre Kentenich pudo regresar a Schoenstatt. En medio de todas las oscuridades que debieron atravesar el Padre Kentenich y su Obra en los años anteriores, siempre lo movió una total confianza en la victoria final de la Santísima Virgen. Por eso, en reconocimiento al poder vencedor de María en la historia de la Obra de Schoenstatt, quiso que, en adelante, al título de Madre y Reina de Schoenstatt se añadiese el de “Victoriosa”. María, como nuestra Reina, a quien nos entregamos como aliados e instrumentos, se manifiesta en nuestra vida como la gran victoriosa que vence todos los poderes del mal y nos intercede las gracias que necesitamos para llegar a la plenitud de hijos de Dios. De allí surge la advocación completa: Madre, Reina y Victoriosa tres veces Admirable de Schoenstatt. Muchos miembros del Movimiento de Schoenstatt, en especial en los países de habla hispana, la llaman de manera familiar, simplemente, “Mater”, que significa “Madre” en latín.

La imagen de la Madre Tres Veces Admirable (Mater ter Admirabilis en latín) fue obsequiada en 1915 por un profesor a los seminaristas palotinos, cuyo director espiritual era el P. Kentenich. El cuadro fue pintado por Luigi Crosio en 1898. Desde entonces ha sido llamada la Madre Tres Veces Admirable, un símbolo central del Movimiento de Schoenstatt.

¿Qué es la Alianza de Amor?

La Alianza de Amor con María es el acto que da origen al Santuario de Schoenstatt. Se podría decir que es un “pacto” que el Padre José Kentenich, junto con los jóvenes a quienes dirigía, hizo con la Santísima Virgen el 18 de octubre de 1914, también en representación de todos los que algún día lo realizarían. En aquel momento, el Padre Kentenich, al interpretar los deseos de Dios, pidió a María que se estableciera espiritualmente en el Santuario para transformarlo en un lugar de gracias; que se ocupara de la educación y crecimiento interior de los jóvenes y que los tomara como instrumentos en sus manos para la renovación religiosa y moral del mundo. Para colaborar con Ella, los jóvenes le entregarían su serio esfuerzo por alcanzar la santidad. Cada persona que sella la Alianza, se inserta en aquella primera Alianza de Amor que dio origen a Schoenstatt.

“¿Acaso no sería posible que la capillita de nuestra Congregación al mismo tiempo llegue a ser nuestro Tabor, donde se manifieste la gloria de María? Sin duda alguna no podríamos realizar una acción apostólica más grande, ni dejar a nuestros sucesores una herencia más preciosa que inducir a nuestra Señora y Soberana a que erija aquí su trono de manera especial, que reparta sus tesoros y obre milagros de gracia. Sospecharán lo que pretendo: quisiera convertir este lugar en un lugar de peregrinación, en un lugar de gracia, para nuestra casa y toda la Provincia alemana y quizás más allá. Todos los que acudan acá para orar deben experimentar la gloria de María y confesar: ¡Qué bien estamos aquí! ¡Establezcamos aquí nuestra tienda! ¡Este es nuestro rincón predilecto! Un pensamiento audaz, casi demasiado audaz para el público, pero no demasiado audaz para ustedes. ¡Cuántas veces en la historia del mundo ha sido lo pequeño e insignificante el origen de lo grande, de lo más grande!”

Como movimiento de renovación dentro de la Iglesia católica, Schoenstatt trabaja para ayudar a revitalizar la Iglesia y la sociedad en el espíritu del evangelio. Sus miembros buscan conectar la fe y la vida diaria, movidos por un profundo amor a María, la Madre de Dios, quien los educa y guía para que sean mejores seguidores de Cristo. A su vez, como movimiento internacional, se ha expandido a más de 110 países y posee miembros de todas las vocaciones y estados de vida. Es una familia espiritual cuyas ramas y comunidades federativas se unen para formar una sola familia.

El Movimiento describe la Alianza de Amor como “un acto de consagración (como individuo o comunidad) a María como la Madre Tres Veces Admirable de Schoenstatt”, y es una forma reconocida de consagración mariana en la Iglesia Católica. Para las personas que han sellado la Alianza de Amor, este acto de consagración conduce a una relación más profunda con María, la Madre de Dios.

Mater Ter Admirabilis

Mater Ter Admirabilis, literalmente “Madre Tres Veces Admirable”, es una antigua invocación latina de las letanías de la Santísima Madre de Dios. Fue utilizada por primera vez por el padre jesuita Jakob Rem, jefe de la Congregación de la Madre de Dios, a Ingolstadt, Baviera el 5 de abril de 1604.

El acto fundacional de Schoenstatt en 1914 es el momento en que Kentenich y la generación fundadora ofrecieron su lucha por la santidad para que María viniera a morar en su capilla, el Santuario de Schoenstatt. De este acto original fluye la vida, la identidad y la fecundidad de Schoenstatt.

Según el sitio web oficial, “El padre Kentenich describía las consagraciones marianas como un intercambio completo y mutuo de corazones, bienes e intereses. A través de este intercambio, la persona crece en el amor, en su vida espiritual, y en la capacidad de cumplir con su misión. En la experiencia católica, Maria ha demostrado ser una compañera excepcional, conduciendo personas y naciones, comunidades y generaciones hacia un fervor más profundo de amor y compromiso a Cristo y al Dios Trinitario.”

Los temas centrales en el Movimiento de Schoenstatt están basados en las ideas con las que el P. Kentenich fundó el movimiento en 1914, incluyendo el desarrollo de la personalidad cristiana, orientación hacia los ideales, y comunidad.

“[Schoenstatt] desea ser entendido como una visión universal que comprende el tiempo y la eternidad, este mundo y el siguiente, la economía, las necesidades sociales, éticas, políticas de todas las personas, incluyendo a los marginados, las grandes masas… Quiere ayudar a redimir el mundo no solo de sus sufrimie ntos terrenos, sino también del pecado y lejanía de Dios. Intenta lograr esto por medio de la guía y escuela de Nuestra Señora aplicando los principios originales del Cristianismo en una nueva forma para restaurar la alterada relación entre la persona individual y la sociedad, la persona y el negocio, la persona y la tecnología, y la persona y el progreso social”.

“Nada sin ti, nada sin nosotros”

La Alianza de Amor con María implica un “Nada sin ti, nada sin nosotros”, lo que significa que quien sella la Alianza se pone a disposición de María para ser su instrumento, llevando renovación a la familia, al trabajo y a la sociedad. Una de las gracias especiales del Santuario de Schoenstatt es la del envío apostólico, la que invita a llevar las gracias de María al mundo.

En Schoenstatt, el llamado de la vocación cristiana a la santidad se entiende como la santidad de la vida diaria (o laboral), es decir, la integración de la fe con todos los aspectos de la vida cotidiana. El Movimiento de Schoenstatt describe la santidad de la vida diaria como “cumplir los deberes ordinarios de manera extraordinaria (ordinaria extraordinarie)” o como “cumplir los deberes del propio estado de vida de la manera más perfecta posible por un amor total a Dios”. El P. Kentenich desarrolló su definición más completa en 1932: “La santidad de la vida diaria se define como la armonía querida por Dios y cargada de afecto entre la vinculación a Dios, a las personas, a las cosas y al trabajo en todas las circunstancias de la vida”. “La santidad cotidiana está atenta, por tanto, a no descuidar a Dios por el mundo, ni a la familia por el apostolado, ni al prójimo por el trabajo, ni a los deberes de la vida por Dios. […] La santidad de la vida diaria también busca integrar el trabajo, la oración y el sufrimiento”. En este contexto, Schoenstatt entiende el trabajo “como la participación del hombre en la actividad creadora de Dios, la oración como diálogo de amor con Dios y el sufrimiento como parte crucial de la vocación cristiana.

Según la página web oficial, “Schoenstatt fue fundado en un acto de invitación: los aliados terrenales ofrecieron su lucha por la santidad, pidiendo a María, la aliada celestial, que a cambio se establezca y more en el santuario como madre y educadora”. Para Schoenstatt el santuario es un lugar de gracias y de peregrinación, “un lugar particular donde Dios muestra su presencia y acción de manera especial a través de María”.

El Movimiento de Schoenstatt está expandido en más de 110 países en el mundo, algunos de los cuales son:

Argentina (20 santuarios), Australia (3 santuarios), Austria (1 santuario), Bélgica, Bolivia (2 santuarios), Brasil (23 santuarios), Burundi (2 santuarios), Canadá, Chad, Chile (25 santuarios), Colombia ( 2 santuarios), Congo, Costa Rica (1 santuario), Croacia (2 santuarios), Cuba, República Checa (1 santuario), República Dominicana (2 santuarios), Ecuador (4 santuarios), El Salvador, Francia (1 santuario), Alemania (56 santuarios), Guatemala, Honduras, Hong Kong, Hungría (1 santuario), India (6 santuarios), Italia (2), Lituania, Luxemburgo, México (4 santuarios), Nicaragua, Nigeria (1 santuario), Panamá, Paraguay (3 santuarios), Perú (2 santuarios), Filipinas (1 santuario), Polonia (6 santuarios), Portugal (4 santuarios), Puerto Rico (4 santuarios), Rumania, Rusia, Eslovaquia, Eslovenia, Sudáfrica (5 santuarios ), España (3 santuarios), Suiza (7 santuarios), Tanzania (1 santuario), Reino Unido (2 santuarios), Uruguay (1 santuario), Estados Unidos (10 santuarios), Venezuela, Vietnam.

Tres gracias del santuario

Estos santuarios sirven como centro de las comunidades del Movimiento de Schoenstatt. Desde allí, peregrinos y miembros del Movimiento reciben las tres gracias del santuario:

-La gracia del cobijamiento – es “saberse amado totalmente y acogido en el corazón de María y en su santuario.”
-La gracia de la transformación interior – “es el fruto de la intercesión de María como educadora en el santuario, ya que ella nos motiva a convertirnos en discípulos de Cristo, a transformarnos interiormente y educarnos desde dentro.”
-La gracia de la fecundidad apostólica – Cuando una persona se siente “completamente cobijada y se siente aceptada y profundamente transformada [es decir, ha recibido las dos primeras gracias del Santuario de Schoenstatt], puede ser más plenamente eficaz como instrumento de Dios.”

En Schoenstatt, la fe práctica en la divina Providencia es “una fe en Dios y su amor cariñoso, que se ha vuelto parte de la vida práctica de cada día” y posee la forma de “un mensaje de confiar en el cuidado de Dios, de un constante diálogo con el Dios de la vida e historia y buscar activamente su voluntad”. En esta fe práctica, uno busca descubrir el mensaje de Dios detrás de cada circunstancia. Además, se busca vivir la alianza con Dios en un diálogo continuo de oración y acción. En Schoenstatt, discernir la voz de Dios implica “estar atento a los eventos que nos rodean, tanto en gran escala (Iglesia y mundo) y en la pequeña (personal y la vida familiar). Una forma de hacer esto son los métodos de meditación de Schoenstatt.

Lo pedagógico no es un capítulo más dentro de un conjunto de capítulos, sino que hace a la esencia misma del Movimiento Apostólico de Schoenstatt, definido por su fundador, el P. José Kentenich, como ‘Movimiento de educación y educadores’.

Reflexiones del padre Kentenich del 13 de diciembre 1965 (Carta para Navidad):

“Dios fue siempre, para nosotros, el Padre del amor. Lo demuestra la marcada acentuación de la ley fundamental del mundo que ha determinado y compenetrado desde un principio el espíritu de nuestra Familia. Sabemos, no solo teórica sino también prácticamente, que la razón del obrar divino es, en último término, el amor. Todo lo que de Él emana proviene del amor, actúa por medio del amor y para el amor. Siempre consideramos que nuestra misión especial es hacer de esta ley divina, de esta ley fundamental del mundo, la ley de nuestra vida y educación. Sabíamos también que en ese amor de Dios teníamos que incluir como característica fundamental, su misericordia. Pero lo que resulta nuevo para nosotros es la grandeza extraordinaria de ese amor divino y misericordioso”.

“Lo más importante para nosotros es Dios: el Padre y su amor misericordioso. Como venimos enseñando desde el comienzo de la historia de nuestra Familia, Dios no nos ama porque nosotros seamos buenos y nos hayamos portado bien, sino precisamente porque es nuestro Padre. Porque su amor misericordioso fluye con más riqueza hacia nosotros cuando aceptamos con alegría nuestros límites, nuestras debilidades y miserias, porque las consideramos como razón esencial para que su corazón se abra y nos compenetre su amor”.

“Por eso, en lo sucesivo, y más que nunca, reconoceremos tener ante Dios dos derechos: su infinita misericordia y nuestra miseria insondable. Con agrado unimos las manos y rezamos:

“Querida Madre y Reina tres veces Admirable de Schoenstatt, vela para que nos experimentemos hijos del Rey, hijos miserables y dignos de misericordia, y de este modo vivamos convencidos de que somos predilectos del amor paternal e infinitamente misericordioso de Dios Padre”.

“Nuestra imagen de la comunidad manifiesta rasgos supratemporales enmarcados en el contenido integral de nuestra Alianza de Amor. Desde un principio supimos que al sellar la Alianza de Amor con nuestra querida MTA deberíamos considerarla como expresión, protección, seguro y medio para llegar a la Alianza de Amor con la Santísima Trinidad y también entre nosotros. Año tras año experimentamos profundamente los estrechos vínculos que han surgido por todas esas Alianzas.

“Hoy, para nosotros, es algo lógico saber que todos formamos una inefable comunidad de destinos, de misión y de corazones, como resulta difícil hallar en otra parte. Todos han llevado la misma cruz, la cruz que desde la eternidad estaba pensada para el Padre de la Familia y que, a su debido tiempo, fue colocada sobre sus hombros. Y el peso de la cruz disminuyó porque nadie tuvo que llevarla solo. De esta forma vivimos en una comunión espiritual con, en y por los demás, que nos hace comprender cuál es la imagen del hombre nuevo en la comunidad nueva. Al mismo tiempo, presentimos que nos acercamos a un ideal al que aspira la Iglesia del mañana, impulsada interiormente y –con derecho-a que se le pueda aplicar el elogio: “Mirad como se aman”.

“Agradecidos quisiéramos tomar las manos de nuestra querida Madre y Reina tres veces Admirable de Schoenstatt como expresión visible de las manos de la Santísima Trinidad. También queremos agradecernos mutuamente por la fidelidad con la que llevamos la cruz comunitaria, prometiéndonos permanecer fieles en el amor.

“Resumiendo, vemos que el corazón y el alma no se cansan de repetir la oración de agradecimiento:

Gracias por todo, Madre,
todo te lo agradezco de corazón,
y quiero atarme a ti
con un amor entrañable.
¡Qué hubiese sido de nosotros
sin ti, sin tu cuidado maternal!

Gracias porque nos salvaste
en grandes necesidades;
gracias porque con amor fiel
nos encadenaste a ti.
Quiero ofrecerte eterna gratitud
y consagrarme a ti con indiviso amor.

Tal como lo hacíamos antes en situaciones similares, tampoco ahora olvidamos el axioma: dones son tareas. Lo que heredamos de nuestros padres queremos conquistarlo para poseerlo, y transmitirlo a las generaciones futuras como un bien sagrado de la tradición.

María es la primera misionera, la primera evangelizadora. Lo fue hace 2000 años y lo sigue siendo hoy, y nosotros nos ponemos a su disposición para ayudarla en su misión.

La Virgen Peregrina es una imagen de la Virgen de Schoenstatt que sale del Santuario y va al encuentro de todos, de las personas y las familias que la quieran recibir en su casa. En cada visita Ella nos acerca a su Hijo Jesús y regala en cada hogar las gracias del Santuario: cobijamiento, transformación interior y envío apostólico.

ORACIONES

Especialmente se realizan cuando se recibe la visita de la Virgen.

1er. día de visita:

Querida Madre y Reina, tú estás aquí, tú eres la puerta
de entrada al corazón de Jesús… Quiero entrar contigo
en el corazón de tu Hijo y de Dios Padre.
¡Qué regalo que nos visites! Todo hijo se alegra cuando
su madre lo visita. Por eso nos alegra que estés hoy con
nosotros y te agradecemos por este encuentro de
corazones.
Regálanos la gracia del cobijamiento que tanto
necesitamos en este tiempo de aislamiento.
Queremos poner nuestras alegrías y sufrimientos en tus
manos maternales. Sabemos que todo lo que pasa en
nuestra familia es importante para ti, por eso acógenos
con ternura y amor, para que, como familia, vivamos
muy unidos a ti estos días especiales.
Amén

Se puede rezar un Rosario, un Misterio o tres Ave
Marías.
Propósito:
Haré una demostración de amor a algún miembro de mi
familia.

2do. día de visita:

Querida Madre y Reina, tú estás aquí, tú has llegado a nuestra casa,
a través de “otra puerta” porque no quieres dejar de entrar y de
regalarnos la vivencia de un mes de María muy especial.
Tu vienes para compartir nuestra vida y entregarnos el tesoro más
grande que guardas en tu corazón, tu Hijo. Por eso nos alegra que
estés hoy con nosotros y te agradecemos por este encuentro de
corazones.
Regálanos la gracia de la transformación interior que tanto
necesitamos para la vivencia en común.
Cuando consideramos nuestras propias fuerzas, toda esperanza y
confianza flaquean; Por eso Madre a ti extendemos nuestras manos
e imploramos abundantes dones de tu amor.
Amén

Se puede rezar un Rosario, un Misterio o tres Ave Marías.
Propósito:
Me esforzaré por mejorar aquel punto de mi personalidad que a
veces causa dolor a otros (por ejemplo, el mal genio, la flojera, el
espíritu negativo, las malas palabras, etc.)

3er día de visita:

Querida María; hoy estás en nuestra casa y quieres hacer aquí
milagros de gracia, uno tras otro. Queremos alegrarnos por la
diversidad de personalidades, que podamos ser hombres y mujeres
que recibamos al otro con respeto.
Queremos entregarte nuestro corazón y que Tú nos entregues el
tuyo para que irradiemos una atmósfera de cielo en nuestro hogar.
Regálanos la gracia del envío apostólico para poder compartir con
solidaridad nuestros dones.
“Aseméjanos a ti, y enséñanos a caminar por la vida tal como tú lo
hiciste, fuerte y digna, sencilla y bondadosa repartiendo amor, paz y
alegría. En nosotros recorre nuestro tiempo preparándolo para
Cristo Jesús.”
Amén

Se puede rezar un Rosario, un Misterio o tres Ave Marías.
Propósito:
Escogeré a una persona de mi familia y compartiré una
responsabilidad en casa juntos.

MILAGROS

Los 18 de octubre, la feligresía católica celebra el aniversario de alianza con la Virgen de Schoenstatt; en 2020 se cumplieron 39 años de la bendición del Santuario Nacional de Tupãrenda, ubicado en la Ruta PY02, kilómetro 34 de Ypacaraí, donde llegan miles de devotos que por la intercesión de la Mater piden que Dios obre en sus vidas. Así ocurrió con Juan Carlos Rotela Martínez. Un joven devoto de la Virgen de Schoenstatt, quien pidió hace poco más de un año, junto con su esposa Nathalia Silva, el milagro de que esta quede embarazada, ya que los pronósticos eran desalentadores a causa de la existencia de un mioma de gran tamaño y quistes en la matriz, y contó su testimonio de fe.

“Me designaron el grupo de Primera Confesión y estuve tres años con los niños, hasta que a la par, por fin, se me dio la oportunidad de ser catequista de Cavevi y servía en la capilla Santa Librada, donde trabajé durante un año. Y un día decidí dedicarme a la catequesis de la Mater, dejé todo y empecé a trabajar por Cavevi -Camino, Verdad y Vida- en mi parroquia San Miguel”, relata Rotela. Su devoción hacia la Mater se hacía más y más fuerte, según afirma. Años después conoció a su novia, Nathalia Silva, y cuando cumplieron los cinco años de noviazgo se enteraron de la terrible noticia de que a causa de unos miomas que crecían en la matriz de Nathalia, ella no tendría la posibilidad de convertirse en madre, como tanto ella y Rotela anhelaban. “Mi novia, hoy día mi esposa, decayó tanto y durante dos años de estudios y controles los médicos tratantes que confirmaron que en definitiva ella no sería mamá”, fue el duro golpe que recibió la joven pareja, al romperse en pedazos aquellas ilusiones que tenían de gestar un bebé.

Tras la noticia, un día 20 de julio del 2019, Rotela invitó a su esposa que la acompañara a un lugar, ese lugar fue el Santuario Tupãrenda de Ypacaraí, donde con rezos, cantos y plegarias pidieron por intercesión de la Mater el milagro de la vida. “Fuimos a Tupãrenda, yo le llamo el jardín de la Mater. Al llegar en el santuario sagrado no había nadie y comenzamos a rezar. Pedí que así como ella –María– aceptó cargar al Salvador del mundo en su vientre y sintió ese amor de madre, que le permita también a mi esposa la gracia de ser mamá”, relató sobre su íntima petición a la madre. Eso ocurrió en julio del 2019, desde entonces la fe de esta pareja se fortaleció aún más, ya que no se cansaban de pedir a la madre que les conceda un hijo. Posterior a ese encuentro de pareja con la madre, el fin de semana siguiente volvieron al santuario, pero esta vez para consagrarse como matrimonio a ella. Tras ese acto de profunda fe demostrada a la Mater, ella obró y Nathalia se enteró que quedó embarazada el 24 de agosto del 2019, justamente en el Día del Catequista, que celebra la iglesia recordando a los laicos que enseñan el evangelio a sus pares.

Tras nueve meses de embarazo, Nathalia dio a luz a su bebé, a quien le llamaron Joaquín Nathanael. El primer nombre en honor al papá de la Virgen y Nathanael por ser el mayor regalo de sus vidas, quien nació el 9 de abril de este 2020, en pleno Jueves Santo en el Hospital Central del IPS. “Nosotros confiamos ciegamente y con certeza de que Joaquín es enviado de Dios por intercesión de la Mater”, finalizó Rotela.

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