San Pío de Pietrelcina, también conocido como el padre Pío, fue un fraile capuchino y sacerdote católico italiano famoso por sus dones milagrosos y por los estigmas que presentaba en las manos, pies y costado. Nacido como Francesco Forgione le fue dado el nombre de Pío cuando ingresó en la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos. Fue beatificado en 1999 y canonizado en 2002 por el papa Juan Pablo II. El convento donde vivió el padre Pío de Pietrelcina y el santuario dedicado a él se encuentra en San Giovanni Rotondo, provincia de Foggia, en Italia, y recibe anualmente miles de peregrinos de todo el mundo.

Dones del padre Pío

Sus dones fueron:
-Discernimiento extraordinario: capacidad de leer las conciencias, don que utilizó frecuentemente durante el ministerio del sacramento de la confesión.
-Curación: curas milagrosas mediante el poder de la oración.
-Bilocación: estar en dos lugares al mismo tiempo.
-Perfume: en su presencia se podía percibir fragancia de flores (el «olor de santidad»).
-Estigmas: exhibió estigmas desde el 20 de septiembre de 1918 y los llevó durante 50 años hasta pocos días antes de su muerte (el 23 de septiembre de 1968).

Frases del padre Pío de Pietrelcina:

«Solo soy un humilde fraile que ora».

«Quédate conmigo, Señor».

«Reza, ten fe y no te preocupes. La preocupación es inútil. Dios es misericordioso y escuchará tu oración».

«La oración es la mejor arma que tenemos; es la llave al corazón de Dios».

«Debes hablarle a Jesús, no solo con tus labios sino con tu corazón. En realidad, en algunas ocasiones debes hablarle solo con el corazón».

«Dulce es la mano de la Iglesia también cuando golpea, porque es la mano de una madre».

«El hábito de preguntar «por qué» ha arruinado el mundo».

«Haré más desde el Cielo, que lo que puedo hacer aquí en la Tierra».

«La sociedad de hoy no reza, por eso se está desmoronando».

«Ora, espera y no te preocupes. La preocupación es inútil. Nuestro Señor misericordioso escuchará tu oración».

«Sería más fácil para el mundo existir sin el sol que sin la Santa Misa».

«Mil años de disfrutar de la gloria humana no valen ni una hora en dulce comunión con Jesús en el Santísimo Sacramento».

«En la vida espiritual, el que no avanza retrocede. Sucede como con un barco que siempre debe seguir adelante. Si se detiene, el viento lo devolverá».

«Siempre debemos tener coraje, y si nos llega alguna languidez espiritual, corramos a los pies de Jesús en el Santísimo Sacramento y ubiquémonos en medio de los perfumes celestiales, y sin duda recuperaremos nuestra fuerza».

«¿Hace algún tiempo que no amas al Señor? ¿No lo amas ahora? ¿No anhelas amarlo para siempre? Por lo tanto, ¡no temas! Aún admitiendo que has cometido todos los pecados de este mundo, Jesús te repite: “¡Muchos pecados te son perdonados porque has amado mucho!”».

«Donde no hay obediencia, no hay virtud; no hay bondad ni amor. Y donde no hay amor, no hay Dios. Sin Dios, no podemos alcanzar el Cielo. Estas virtudes forman una escalera; si falta un paso, nos caemos».

«Los mejores medios para protegerte de la tentación son los siguientes: cuida tus sentidos para salvarlos de la tentación peligrosa, evita la vanidad, no dejes que tu corazón se exalte, convéncete del mal de la complacencia, huye del odio, reza cuando sea posible. Si el alma supiera el mérito que uno adquiere en las tentaciones sufridas en la paciencia y conquistado, estaría tentado a decir: Señor, envíame tentaciones».

«El amor y el miedo deben ir unidos, el miedo sin amor se convierte en cobardía. El amor sin miedo se convierte en presunción. Cuando hay amor sin miedo, el amor corre sin prudencia y sin restricción, sin preocuparse por dónde va». 

«Es necesario proteger todos tus sentidos, especialmente tus ojos: son los medios por los cuales toda la fascinación y el encanto de la belleza y la voluptuosidad entran en el corazón. Cuando la moda, como en nuestro tiempo, es hacia la provocación y expone lo que antes era incorrecto pensar, se debe tener precaución y autocontrol. Siempre que sea necesario, debes mirar sin ver y ver sin pensarlo».

«Debes recordar que tienes en el Cielo no solo un Padre sino también una Madre. Entonces recurramos a María. Ella es toda dulzura, misericordia, bondad y amor para nosotros porque es nuestra Madre».

«No te preocupes por las cosas que generan preocupación, desorden y ansiedad. Una sola cosa es necesaria: Elevar tu espíritu y amar a Dios».

Breve biografía del Padre Pío
Por Celeste Polidori

Conocido como San Pío de Pietralcina, era antes de ordenarse simplemente Francisco. Tuvo siete hermanos y dos padres que lo apoyaron para que puediera ser fraile y nació un 25 de mayo de 1887 justamente en Pietralcina, Italia.

De origen muy humilde pero con una gran fe sus padres Grazio y Giuseppa los hacían rezar el rosario todas las noches antes de dormir. La especial vocación de Francisco llamó la atención de los ojos atentos de su madre. De noche Francisco podía ver el paraíso y en el día su Ángel de la Guarda se comunicaba con él. Tan común era todo ésto para este niño que en su infancia consideró que era lo «normal».

Decidido, Francisco comunicó a sus padres su deseo de ordenarse y de seguir el camino de Dios. «¡Mamá, quiero ser monje de misa, monje con barba!», anunció en su hogar. Pero para poder ingresar a una órden se necesitaba preparación y dinero que esta familia no poseía. Por esta razón su padre emigró a Estados Unidos en primera instancia y luego a Argentina desde donde ayudó a Francisco en su camino hacia Dios.

«Los próximos años, si Dios quiere, todas las fiestas y todos las diversiones habrán acabado para mí, porque abandonaré esta vida para abrazar otra mejor», le escribió Francisco a los 14 años a su padre. A los 16 años ingresó en el convento capuchino de Morcone. Ya en enero de 1903 Francisco vistió el hábito que lo acompañaría a lo largo de su vida bajo el nombre de fray Pío de Pietralcina. Y en 1907 fray Pío tomó los votos de pobreza, castidad y obediencia.

Fue el confesionario el lugar donde este padre ayudó a toda la comunidad, convirtió a los más escépticos y elevó a las almas. San Pío manifestó su deseo de sufrir cualquier pena para aliviar la de los pecadores. En 1910, asustado, sintió un fuerte dolor en sus manos y pies que estuvo acompañado por una mancha roja. El Padre Pío recibió el don de las santas llagas de Cristo que ocultó toda la vida bajo sus mitones marrones.

Una vez por semana Pío sentía en carne propia la coronación y los flagelos a los que sometieron a Cristo. Y tuvo que luchar contra el mal. Dentro de tanto dolor había mucho alivio. Pío tenía apariciones de la Vírgen, de su Ángel de la Guarda, de San Francisco de Asís y de Jesús.

Durante la Primera Guerra Mundial tuvo que asistir a su deber cívico. Pero con su salud tan debilitada se le asignaron las tareas de la cocina y de ser sirviente. Fue durante este momento donde el santo manifestó otro gran don: la bilocación (es decir que podía estar en dos lugares a la vez).

Este fraile capuchino, una persona de muy bajo perfil, luchó por mantener sus dones en silencio. Pero en 1918 las heridas del padre comenzaron a sangrar y mucho. Los estigmas se volvieron visibles para todos. Angustiado intentó cerrar las heridas con iodo pero sin lograr demasiado.

De ahí en adelante médicos y expertos de la iglesia pasarían por su vida. El Vaticano mandó al doctor Amico Bignami quien era profesor de Patología del Hospital Real de Roma para evaluarlo. Intentó de todo pero las heridas no sanaron y el profesional concluyó que se trataban de heridas generadas por autosugestión. En 1920 otro doctor, Jorge Festa, lo examinó física y psicológicamente y llegó a la conclusión de que las llagas tenían un origen sobrenatural.

Agostinho Gemelli se volvería con el tiempo en uno de sus enemigos. Era un médico prestigioso de la Iglesia quien fue a visitar al Padre pero a quien le negaron el acceso. Por esta razón emitió un informe donde aclaró que nunca lo pudo ver. Tres médicos visitaron al Padre y expresaron que las llagas eran de origen sobrenatural. Pero cuando llegó el Papa Pío XI, Gemelli habló en contra del fraile. Así se le prohibió confesar, realizar la misa y hasta escribir cartas a sus fieles.

Quiso el Vaticano trasladarlo del pueblo pero los habitantes de la zona reaccionaron a favor del padre y la medida dio marcha atrás. Ante el apoyo de las voces más destacadas Pío XI decidió dejar al santo volver a sus actividades. A su confesionario llegaban 100 personas por día, número que fue creciendo con el boca a boca y con la historia de este santo quien aseguraba que los ángeles iban «en multitudes» a sus misas.

Fundó la Casa del Alivio del Sufrimiento en 1956 y en San Giovanni Rotondo. Un hospital para todos los heridos de la guerra y los habitantes de la zona. Ya en 1968, luego de tener durante 50 años sus estigmas, desaparecieron. Débil dio su última misa y desfalleció. En la siesta del 23 de septiembre murió rezando. Su cuerpo fue colocado en una caja con una cubierta de cristal para que el mundo lo pudiera conocer.

En el 2000 cuando San Juan Pablo II lo proclamó beato y el mayor místico del siglo XX. El mismo Papa testimonió una curación que se logró gracias al Padre Pío. «Cuando yo muera, pediré al Señor que me deje quedar en la puerta del Paraíso y no entraré hasta que el último de mis hijos espirituales entre», prometió Pío. Cristianos de todo el mundo testimonian aún hoy milagros que le atribuyen al «santo de los estigmas».

 

Las profecías del Padre Pío

El Padre Pío es muy conocido por sus enseñanzas y milagros, aunque hay un aspecto menos conocido y también muy relevante sobre su obra: las profecías que realizó a lo largo de su vida. A San Pío se le atribuyen las siguientes profecías:

Predijo el nombramiento del Pablo VI como Papa
Predijo el nombramiento de Juan Pablo II como Papa
Predijo con tristeza la muerte de un joven que estaba en su presencia
Predijo que tras su muerte volvería a su pueblo natal, Pietrelcina
Pero es su última profecía sobre la llegada de un período oscuro para la humanidad la que más relevancia parece estar tomando últimamente, uniendo la falta de fe y oración de la época contemporánea con la gran cantidad de sucesos catastróficos que suceden a lo largo del mundo.

Canonizado por Juan Pablo II, el Padre Pío no solo predijo que el propio Karol Wojtyla sería Papa. Recordemos que, en mayo de 1987, Juan Pablo II visitó la tumba del Padre Pío con motivo del primer centenario de su nacimiento. Ante más de 50.000 personas, Su Santidad proclamó: «Quiero agradecer con vosotros al Señor por habernos dado al querido Padre Pío, por habérnoslo dado en este siglo tan atormentado».

No era la primera vez que Karol Wojtyla visitaba el convento del Padre Pío en San Giovanni Rotondo. Estuvo también allí recién ordenado sacerdote, en 1948; y regresó veintiséis años después, en noviembre de 1974, siendo ya cardenal. El mismo fraile que vaticinó el futuro papado de Juan Pablo II, como decimos, fue elevado por éste a los altares el 16 de junio de 2002.

Años antes, escudándose en el crucial testimonio del abogado Carmelo Mario Scarpa, amigo íntimo del comendador Alberto Galletti, el también letrado Francisco Sánchez-Ventura daba fe de cómo el Padre Pío vaticinó que el cardenal Juan Bautista Montini se convertiría en Pablo VI. A comienzos de 1959, mientras el futuro Papa era aún arzobispo de Milán, el comendador Alberto Galletti, hijo espiritual del Padre Pío, visitó al sacerdote Benedicto Galbiani, ingresado en la llamada Casa de la Providencia fundada por don Orione.

Mientras Galletti distraía al enfermo, narrándole anécdotas de San Giovanni Rotondo, irrumpió en la habitación el arzobispo de Milán. El cura Galbiani los presentó, pues no se conocían. Interesado en la vida de los místicos, el arzobispo recabó detalles y circunstancias del fraile de los estigmas. Al terminar la visita, pidió al comendador que transmitiese al Padre Pío su saludo cariñoso y el deseo de contar con su bendición para él y su archidiócesis.

Días después, el comendador cumplió diligente el encargo. El Padre Pío le contestó: «Mil gracias por el saludo y dile que cuente no con mi bendición, sino con una riada de bendiciones y de mis indignas oraciones». Tras una breve pausa, añadió: «Escucha atentamente, Galletti: dile también a su excelencia que, cuando muera este Papa [Juan XXIII], él será su sucesor. ¿Te has enterado?». El comendador asintió, perplejo.

«¿Has entendido que debes decirle que él será el próximo Papa?», insistió el fraile. «Perfectamente, padre», contestó Galletti. A lo que el Padre Pío reiteró de nuevo: «Se lo advierto, porque debe prepararse», concluyó.

Como tantos otros conocedores y devotos del fraile de Pietrelcina, su primer hijo espiritual, el francés Emanuele Brunatto, acreditaba ese mismo don de profecía que le permitía averiguar de vez en cuando lo que iba a suceder. «Es Jesús –explicaba el Padre Pío– quien me deja leer a veces su cuaderno personal…». Y así era. Cierta noche, durante una fiesta celebrada en la misma plaza del hermoso convento de San Giovanni Rotondo, rodeado de un numeroso grupo de jóvenes, el Padre Pío rompió a llorar de forma inesperada. Los presentes miraron al fraile desconcertados, sin entender aquella reacción tan fulminante. Cuando le preguntaron poco después con gran preocupación qué le sucedía, él respondió consternado y sin miramiento alguno: «Parece que uno de vosotros morirá dentro de dos días…». Al cabo de cuarenta y ocho horas, en efecto, una enfermedad letal se llevó por delante a uno de aquellos infortunados jóvenes.

12 mensajes sobre cuando llegará el Apocalipsis

No muchos saben que el Padre Pío entre tantos dones tenía uno muy especial, el de la profecía y el mismísimo Señor Jesucristo se comunicaba con él, y en una carta de 1959 dirigida a su superior, padre Pío cuenta la revelación que le hizo Jesús sobre el fin del mundo. La epístola, atribuida al Padre Pío, es bastante larga llena de mensajes así que tomaremos sólo un extracto con 12 mensajes tomados del libro de Renzo Baschera “I grandi profeti”

«El mundo está andando en ruinas. Los hombres han abandonado el camino correcto para aventurarse en caminos que terminan en el desierto de la violencia… Si no vuelven a beber de la fuente de la humildad, la caridad y el amor, será una catástrofe.
Cosas terribles vendrán. Ya no puedo interceder por los hombres. La piedad divina está a punto de terminar. El hombre había sido creado para amar la vida, y terminó destruyendo la vida …
Cuando el mundo fue confiado al hombre, era un jardín. El hombre lo ha convertido en una atmosfera llena de venenos. Nada sirve ahora para purificar la casa del hombre. Es necesario un trabajo profundo, que sólo puede venir del cielo.
Prepárense para vivir tres días en total oscuridad. Estos tres días están muy cerca… Y en estos días permanecerán como muertos sin comer ni beber. Luego la luz volverá. Pero muchos serán los hombres que no la verán más.
Mucha gente escapará asustada. Correrá sin tener una meta. Dirán que hay salvación al oriente y la gente correrá hacia el oriente, pero caerá en un acantilado. Dirán que al occidente hay salvación y la gente correrá al occidente, pero caerán en un horno.
La tierra temblará y el pánico será grande… La Tierra está enferma. El terremoto será como una serpiente: lo sentirán arrastrarse por todos lados. Y muchas piedras caerán. Y muchos hombres perecerán.
Vosotros sois como hormigas, porque vendrá el tiempo en que los hombres se quitarán los ojos por una miga de pan. Los negocios serán saqueados, los almacenes serán tomados en asalto y destruidos. Pobre será aquel que en esos días oscuros se encontrará sin una vela, sin una jarra de agua y sin el necesario por tres meses.
Una tierra va a desaparecer… una gran tierra. Un país será borrado para siempre de los mapas geográficos… Y con él será arrastrado en el fango la historia, la riqueza y los hombres.
El amor del hombre por el hombre se ha convertido en una palabra vacía. ¿Cómo puedes esperar que Jesús te ame, si ni siquiera amas a los que comen en tu propia mesa? … De la ira de Dios no serán perdonados los hombres de ciencia, sino los hombres de corazón.
Estoy desesperado… No sé qué hacer para que la humanidad se arrepienta. Si continúa por este camino, la tremenda ira de Dios se desencadenará como un tremendo rayo.
Un meteorito caerá sobre la tierra y todo brillará. Será un desastre, mucho peor que una guerra. Muchas cosas serán canceladas. Y este será uno de los signos … Los hombres vivirán una experiencia trágica. Muchos serán abrumados por el río, muchos serán quemados por el fuego, muchos serán enterrados por los venenos… Pero me mantendré cerca de los puros de corazón».

 

Oraciones

Oración al Padre Pio de Pietrelcina

Padre Pio, a ti que con confianza hemos recorrido con esta oración, en ti confiamos, ciertamente intercederás por nosotros la Gracia que ante ti pedimos.

Padre Pío, puro de corazón, que has vivido plenamente en la oración y en el amor de Dios, enséñanos también la humildad, la obediencia y la caridad. Dulcísimo Padre Pío, ayúdanos a dar las gracias y adorar al Señor, sin fatigarnos nunca en nuestra oración. Otórganos el proceder de los buenos cristianos, danos una fe ardiente y generosa, enséñanos a reconocer el rostro de Jesús en los que sufren y viven en necesidad.

Te dirijo mi oración santísimo Padre Pío de Pietrelcina:
socorre nuestro corazón en la hora de la prueba – Si somos
indignos y cedemos a la tentación, asegúranos el camino para la expiación de nuestros pecados. Ayúdanos a buscar el sacramento del Perdón como un abrazo de paz. Enséñanos a orar y amar con mayor devoción a la Virgen María, Madre de Jesús y nuestra madre.

Amado Padre Pío, hijo espiritual de San Francisco de Asís y padre de tantas almas regeneradas a la vida cristiana, mira con benevolencia nuestras necesidades espirituales y materiales. Padre Pío, has vivido plenamente en la Gracia Divina, en el amor de Dios y con el poder del Espíritu Santo, has sido un gran
realizador de milagros. Santísimo Padre Pío, a ti en oración recurrimos y tú benévolo vienes en nuestra ayuda.

En ti confiamos, o Padre Pío, y estamos seguros de que intercederás a nuestro favor por las gracias que necesitamos. Danos un corazón altruista, haznos caritativos con nuestros hermanos más necesitados y enséñanos a ser generosos sin buscar una recompensa terrenal. Padre Pío, quédate con nosotros durante
nuestro peregrinaje terrenal hacia el Reino de los Cielos, danos la esperanza de alcanzar el Cielo para contemplar, por los siglos de los siglos, la Gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

 

Oración del Padre Pío al Sagrado Corazon de Jesús

I.- ¡Oh Jesús mío!, que dijiste: “En verdad les digo, pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá!”.
He aquí que, confiando en tus santas palabra, yo llamo, busco, y pido la gracia……
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.
Sagrado Corazón de Jesús, espero y confío en Ti.
II.- ¡Oh Jesús mío!, que dijiste: “En verdad les digo, pasarán los cielos y la tierra pero mis palabras jamás pasarán”
He ahí que yo, confiando en lo infalible de tus santas palabras pido la gracia……
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.
Sagrado Corazón de Jesús, espero y confío Ti.
III.- ¡Oh Jesús mío!, que dijiste: “En verdad les digo, todo lo que pidáis a mi Padre en mi Nombre, se les concederá”.
He ahí que yo, al Padre Eterno y en tu nombre pido la gracia…….
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.
Sagrado Corazón de Jesús, espero y confío Ti.
¡Oh Sagrado Corazón de Jesús, el cual es imposible no sentir compasión por los infelices, ten piedad de nosotros, pobres pecadores, y concédenos las gracias que pedimos en nombre del Inmaculado Corazón de María, nuestra tierna Madre, San José, padre adoptivo del Sagrado Corazón de Jesús, ruega por nosotros. Amén

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