San José de Cupertino (1603-1663) fue un fraile napolitano, santo de la Iglesia católica, de quien se dice que los fenómenos místicos de orden corporal alcanzaron un carácter notorio, en particular la sanación de enfermos y la levitación. Por dicho motivo, es considerado patrón de los viajeros en avión, los aviadores y los cosmonautas. También de las personas con discapacidad intelectual y los estudiantes en exámenes, esto último por las enormes dificultades que debió atravesar en su etapa de estudiante, superadas con la gracia de Dios.

Breve biografía y milagros

Pronto con su humildad y su amabilidad, con su espíritu de penitencia y su amor por la oración, se fue ganando la estimación y el aprecio de los religiosos, y en 1625, por votación unánime de todos los frailes de esa comunidad, fue admitido como religioso franciscano. Lo pusieron a estudiar para prepararse al sacerdocio, pero en los exámenes no era capaz de responder. José parecía incapaz de salir airoso. Preso de los nervios y poco dotado de claridad para expresarse, la mayoría de veces se quedaba en silencio frente a sus maestros, con la mente en blanco. Llegaron los exámenes y Fray José la única frase del evangelio que era capaz de explicar completamente bien era aquella que dice: «Bendito el fruto de tu vientre, Jesús». Al empezar el examen, el jefe de los examinadores dijo: «Voy a abrir el evangelio, y la primera frase que salga, será la que tenga que explicar». Y salió precisamente esa. Llegó al fin el examen definitivo en el cual se decidía quiénes serían ordenados. Y los primeros diez que examinó el obispo respondieron tan maravillosamente bien todas las preguntas, que el obispo suspendió el examen diciendo: «¿Para qué seguir examinando a los demás si todos se encuentran tan formidablemente preparados?». José, que era el próximo en turno y estaba atemorizado, se libró de tener que pasar el examen.

Los estudios realizados sobre la vida de José de Cupertino señalaron reiteradamente que manifestó diversos fenómenos místicos de orden corporal.Entró en éxtasis místico en numerosas ocasiones. Su vida era ahora una larga sucesión de visiones y otros favores celestiales. Todo aquello que de alguna manera hiciera referencia a Dios o a cualquier cosa sagrada lo hacía entrar en estado de éxtasis: el sonido de una campanada la música de la Iglesia, la mención del nombre de Dios o de la bendita Virgen o de cualquier santo, cualquier evento en la vida de Cristo, la sagrada Pasión, una pintura sagrada, o el pensamiento de la Gloria Celestial, cualquiera de estas cosas hacían que José entrara en estado contemplativo. Cuando estaba en tal estado su cuerpo perdía toda sensibilidad, no sentía nada, aunque lo pincharan con agujas, le dieran golpes con palos, o le acercaran a sus dedos velas encendidas.​ Lo único que lo hacía volver en sí era oír la voz de su superior que lo llamaba a que fuera a cumplir con sus deberes. Cuando regresaba de sus éxtasis pedía perdón a sus compañeros diciéndoles: «Excúsenme por estos ataques de mareo que me dan».

De los estudios realizados durante el proceso de su canonización surgió que José de Cupertino estaba dotado con el don de la levitación, siendo el primer santo en número de manifestaciones de dicho fenómeno. Se registraron más de setenta casos de levitación ocurridos solamente en la villa de Copertino o sus alrededores. En una época de su vida, llegaron a ser tan frecuentes estos fenómenos que sus superiores tuvieron que excluirle del cargo de hebdomadario en el coro, pues, contra su voluntad, interrumpía las ceremonias de la comunidad con sus vuelos cuando se encontraba en estado de éxtasis. Tuvo también el don de la sanación, curando a todo de tipo de enfermos y de profecía, pudiendo predecir el día y la hora de la muerte de los Papas Urbano VIII e Inocencio X. 

Muchos enemigos empezaron a decir que se trataba de meros inventos y lo acusaron de engañador. Fue enviado al superior general de los Franciscanos en Roma y luego frente al papa Urbano VIII el cual deseaba saber si era cierto o no lo que le contaban de los éxtasis y de las levitaciones del frailecito. Y, hablando con el papa, José de Cupertino entró de nuevo en éxtasis y levitó, siendo visto por el mismo Urbano VIII. El príncipe protestante Juan Federico, duque de Brunswick-Luneburgo, patrón de Leibniz, también vio las levitaciones y quedó tan impresionado por el fenómeno que se convirtió al catolicismo y mandó que su capilla fuera reconsagrada al modo católico y servida por frailes cartujos.

Los animales sentían por él un especial cariño. Pasando por un campo, se ponía a rezar y las ovejas se iban reuniendo a su alrededor y escuchaban muy atentas sus oraciones. Las golondrinas en grandes bandadas volaban alrededor de su cabeza y lo acompañaban por cuadras y cuadras.

El 16 de julio de 1767 fue canonizado y su festividad se celebra el 18 de septiembre.

Oración a San José de Cupertino

Querido Santo, purifica mi corazón, transfórmalo y hazlo semejante al tuyo, infunde en mí tu fervor, tu sabiduría y tu fe. Muestra tu bondad ayudándome y yo me esforzaré en imitar tus virtudes. Gloria…

Amable protector mío, el estudio frecuentemente me resulta difícil, duro y aburrido. Tú puedes hacérmelo fácil y agradable. Esperas solamente mi llamada. Yo te prometo un mayor esfuerzo en mis estudios y una vida más digna de tu santidad. Gloria…

Oh Dios, que dispusiste atraerlo todo a tu unigénito Hijo, elevado sobre la tierra en la Cruz, concédenos qué, por los méritos y ejemplos de tu Seráfico Confesor José, sobreponiéndonos a todas las terrenas concupiscencias, merezcamos llegar a Él, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Oración a San José de Cupertino para ayudar en exámenes y estudios

San José de Cupertino,
modelo de paciencia y humildad, ruega por mí.

San José de Cupertino,
tesoro de gracia, ruega por mí.

San José de Cupertino,
hoguera de amor de Dios, ruega por mí.

Gloriosísimo San José de Cupertino,
benefactor de los estudiantes,
protector de los examinandos,
no desdeñéis las súplicas que os dirijo
implorando vuestro auxilio en los exámenes de mis estudios.

Alcanzadme del Señor que,
como verdadera fuente de luz y sabiduría,
disipe las dos clases de tinieblas de mi entendimiento,
el pecado y la ignorancia,
instruyendo mi lengua
y difundiendo en mis labios la gracia de su bendición.

Dadme agudeza para entender,
capacidad para retener,
método y facultad para aprender,
sutileza para interpretar,
y en el momento del examen,
gracia y abundancia para hablar,
acierto al empezar,
dirección al progresar y perfección al acabar,
si así conviene a la mayor gloria de Dios
y provecho de mi alma.

San José de Cupertino,
espejo de fe y esperanza, ruega por mí
y pide para que sea ayudado en:

(pedir lo que se quiere conseguir).

San José de Cupertino,
fuente de caridad, ruega por mí.

Amén.

Rezar tres Padrenuestros, tres Avemarías y tres Glorias.

Frases de San José de Cupertino

“Rezar, no cansarse nunca de rezar. Que Dios no es sordo ni el Cielo es de bronce. Todo el que le pide, recibe”

«Los hombres dicen: ‘¡qué cosas tan hermosas hace la naturaleza!’, y no levantan los ojos para contemplar al Dios de la naturaleza. Es como ponerse lentes para ver las lentes, y no para ver las cosas de lejos».

«Cuando se despluma a un pájaro es fácil quitarle las plumas grandes, pero para las pequeñas se necesita la llama del fuego. Igual sucede al que sirve a Dios. Se puede liberar de pecados graves, mas, para quitar los de poca importancia, se necesita el fuego del amor de Dios».

«Con los trapos se hace el papel donde se escriben las palabras santas. Así hace el Señor. Cuando pilla a un hombre pobre y atribulado, a fuerza de golpes y persecuciones lo vuelve blanco de conciencia, tanto, que los grandes vienen a encomendarse a él».

«Dios permite defectos en quien lo ama, porque sacan mucha utilidad, como quien tropieza al caminar: avanza dos pasos hacia adelante».

«Quisiera morir de buena gana por la fe, mas, porque no se me concede, quiero ejercitarme en renegar la voluntad, que es como morir. La obediencia es un cuchillo que mata la voluntad del hombre, sacrificándola a Dios: es el cuchillo que sacrificó a Jesús, hecho obediente hasta la muerte».

«Quien sirve a Dios es como una fuente de agua cristalina: una pajita se ve enseguida. Si comete un mínimo error, se da cuenta y se humilla, y pide perdón».

«La vela recién apagada se vuelve a encender enseguida. Así sucede al pecador que ha fallado, y que se arrepiente enseguida».

“Todos me echan… Todos me insultan… Todos se burlan de mí… ¡mis propios familiares!… mi madre también…! ¿Qué será de mí? ¿Qué hacer?… ¡Señor, en tus manos, entrego mi destino! ¡Virgen María, sálvame y ayúdame!”.

“Cuándo quieran algo, confíen en Dios y recurran a la Virgen, mi Madrecita, y no desconfíen, ya que mi Madrecita los ayudará en todos los apuros”.

“Virgen, yo me he entregado a ti como hijo desde mi nacimiento, en todos los años de mi vida me he hecho siervo tuyo, y te he dado sólo a ti las llaves de mi alma”.

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