A los 83 años falleció Natty Petrosino, incansable luchadora por mejorar la vida de los más relegados de este mundo. Considerada por muchos la «Madre Teresa de la Argentina», Petrosino fue creando a lo largo de más de 50 años una red de hogares para ayudar a los más pobres, enfermos y discapacitados en toda Argentina. A través de su desinteresado trabajo solidario, logró construir escuelas, salas de primeros auxilios y viviendas para comunidades wichis en el norte de su país.

Natty Petrosino había nacido en Bahía Blanca en 1939. A los 27 años, casada y con dos hijos, estuvo clínicamente muerta durante unos minutos al ser operada de un cáncer en un oído y tuvo una experiencia mística que cambió su vida radicalmente. Le dijo a su familia “mi familia terrenal tiene de todo, pero mi familia celestial está en la calle. Yo me voy con mi familia celestial a la calle”; con lo que su vida trocó en un servicio apostólico hacia los más desamparados de la sociedad. «Yo hablo para que no le tengan miedo a la muerte. Yo volví para eso, la muerte no existe, es un cambio de residencia», supo decir.

En 1978 Natty fundó el Hogar Peregrino San Francisco de Asís de Bahía Blanca, el primero de una red destinada a ayudar a pobres y enfermos.

En la década del ‘90, Natty decidió dejar el Hogar San Francisco en manos de la Curia, para comenzar a recorrer la Argentina a lo largo y ancho de su territorio en una casilla rodante, llegando allí en donde más la necesitan. En 2009 fue postulada para el Premio Nobel de la Paz.

Llevó una vida extremadamente austera, con vestimenta sencilla y sin bienes, ya que las pocas cosas que utiliza -como su casilla rodante- las recibe en calidad de préstamo pues no aceptaba donaciones para sí misma. “No hago discursos con el Evangelio, simplemente lo practico. No tengo ni hago papeles. No soy una burócrata, sino una intérprete de Jesús”, solía expresar.

Natty aseguró aquella vez que no podía pasar un día sin contacto con esa fuerza superior a la que llamaba Dios: «Es una fuerza superior que me dice: ‘Si estás viva podés'».

Según explicaba ella, su tarea consistía «por sobre todas las cosas en amar, tratar de amar como ama Dios, como ama una madre a sus hijos, en todas partes donde voy, y llevarles lo que puedo, ayudarlos, ya sea en Mendoza, en el Impenetrable del Chaco o en Formosa, que es donde más estoy e hicimos el barrio Bahía Blanca, centros de salud y escuelas. Ahí voy y seguimos asistiéndolos, quedándonos, curándolos, mimándolos, y haciéndolos sentir personas. No queremos cambiarlos, queremos ayudarlos en el lugar en el que están y que se sientan queridos, que se sientan personas, individuos, seres que puedan decidir».

 

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