Frases y reflexiones de Natty Petrosino. Sus más bellos pensamientos y enseñanzas

Natty Petrosino (1939-2021) luchó de manera incansable por mejorar la vida de los más relegados de este mundo. Considerada por muchos la «Madre Teresa de la Argentina», Petrosino fue creando a lo largo de más de 50 años una red de hogares para ayudar a los más pobres, enfermos y discapacitados en toda Argentina. A través de su desinteresado trabajo solidario, logró construir escuelas, salas de primeros auxilios y viviendas para comunidades wichis en el norte de su país. Natty había nacido en la ciudad de Bahía Blanca en 1939. A los 27 años, casada y con dos hijos, estuvo clínicamente muerta durante unos minutos al ser operada de un cáncer en un oído y tuvo una experiencia mística que cambió su vida radicalmente. Le dijo a su familia “mi familia terrenal tiene de todo, pero mi familia celestial está en la calle. Yo me voy con mi familia celestial a la calle”; con lo que su vida trocó en un servicio apostólico hacia los más desamparados de la sociedad. «Yo hablo para que no le tengan miedo a la muerte. Yo volví para eso, la muerte no existe, es un cambio de residencia», supo decir. En 1978 Natty fundó el Hogar Peregrino San Francisco de Asís de Bahía Blanca, el primero de una red destinada a ayudar a pobres y enfermos. En 2009 fue postulada para el Premio Nobel de la Paz.

Llevó una vida extremadamente austera, con vestimenta sencilla y sin bienes, ya que las pocas cosas que utiliza -como su casilla rodante- las recibe en calidad de préstamo pues no aceptaba donaciones para sí misma. “No hago discursos con el Evangelio, simplemente lo practico. No tengo ni hago papeles. No soy una burócrata, sino una intérprete de Jesús”, solía expresar. Natty aseguró aquella vez que no podía pasar un día sin contacto con esa fuerza superior a la que llamaba Dios: «Es una fuerza superior que me dice: ‘Si estás viva podés’».

Compartimos algunas de sus bellas frases, enseñanzas y reflexiones:

«¿Cómo poder decirles a todos ‘Sean felices, ¡aquí!, ¡hoy!’? Cada estrella, cada átomo está en el lugar en que debe. No perturbemos nada. Vivamos. Amemos. Saltemos al vacío, que ahí está Él con Sus amorosos brazos, esperando siempre por todos y cada uno, acariciando, perdonando, restaurando, dándonos fuerzas y ánimo. Él tiene todo el tiempo porque es dueño del tiempo, y nos espera».

«Creo en todas las religiones, aunque soy cristiana y amo a Jesús sobre todas las cosas. Para mí es válido cualquiera que cree en algo superior y vive de acuerdo con lo que cree, siendo de esa manera mejor como ser humano. No creo que Dios sea tan pequeño como para aceptar solamente a una porción de seres porque aman a un determinado maestro o a determinado dios».

«En el fondo todos tenemos una esquirla divina y nos sentimos mejor haciendo el bien.
Pero para ello hay que comprender que no vinimos al mundo a poseer, sino a ser».

«Todos y cada uno de nosotros somos hermanos e hijos de un mismo Dios y de una misma condición. Seres inmortales y esquirlas divinas.
Todos llegaremos. La eternidad no tiene apuro. Pero no retrasemos el Reino de Dios en la Tierra».

«Que la humanidad entienda que somos pasajeros, que venimos de otros lugares, de un largo caminar.
Apenas hacemos escala en este mundo y esa escala no nos debe retrasar en nuestro andar hacia el Todo».

«La vida, la muerte, el servir; estar en contemplación o entre el tumulto y el ruido, entre los más pobres o los más ricos; mares, ríos, desiertos, montañas, bosques, llanos; todo es Uno con Dios, y Dios, amor en todos; tierra, pájaros, criaturas todas del Universo visible e invisible, unámonos a la Hueste Celestial para alabar a nuestro Padre y decirle: ‘¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias! por tener Todo, no desear nada, solo respirar y amar en Ti, por Ti y para Ti'».

«Recuerden que la vida que vivimos en la Tierra es muy corta, es solo un suspiro en la eternidad del Cosmos. Lo material es ilusorio, es producto de cambios permanentes, y no debemos apegarnos a ello. Lo único permanente y absoluto es Dios, lo otro tarde o temprano se desvanece».

«La única regla de oro es servir a nuestros semejantes».

«No teman jamás por nada ni ante nadie, porque el Señor está con ustedes».

«Dar es un don. El Señor da el sol todos los días sin preguntar quién lo merece.
Si Jesús nos juzgara tan severamente y mandara el sol sobre quien lo merece, viviríamos en tinieblas».

«Las fuerzas de la luz y de las tinieblas tiene que hacer excelentemente su trabajo, después depende de cada uno».

«Manténganse unidos y formen la Ciudad de Dios, pero sepan que dentro de estos muros no deben tener cabida más que el amor, la justicia, la ternura, la corrección y la misericordia».

«Nos sostiene Dios. Solo por ser intermediarios de Él podemos hacer esto, y es Él también quien logra que la comunidad se acerque permanentemente para donar lo que es necesario a los hermanos más necesitados. Todo el que viene aquí a buscar un plato de comida lo hace porque verdaderamente tiene hambre y es imprescindible que todos tomemos conciencia de que mientras dure esta situación crítica debemos compartir lo nuestro con aquellos que nada tienen para llevar a la mesa».

«Para ayudar no hace falta formar parte de una institución o tener dinero, basta con amar al prójimo. La condición no es ser pobre. Un millonario puede ser tan bueno como un pobre, pero ocurre que, cuantos más bienes materiales tenemos, más nos alejamos de la espiritualidad por falta de tiempo».

«No es problema que alguien tenga y pueda vivir bien; mucho menos si lo ganó honestamente con su trabajo: eso es hermoso. Es más, todos tendríamos que tener ese derecho, vivir bien, porque el planeta tiene para que todos vivamos bien. Amando».

«La verdadera caridad no tiene fronteras. Hacer el bien es nuestra única preocupación».

«Cuando alguien me pregunta cómo empezar a dar a los demás, pero me dice que tiene pensado armar un grupo de personas o una fundación para juntar dinero para realizar una determinada tarea caritativa, le digo que ese no es el camino. La manera verdadera es dando uno, pero dando todo de sí, sin esperar recompensa alguna».

«Sigo a Cristo porque es el Camino, la Verdad y la Vida, simplemente por eso. El Camino es la senda hacia Dios; la Verdad es la sabiduría del Padre y la Vida es el espíritu del Creador en todo lo que existe».

«¡Oren! ¡Canten! ¡Rían y sean felices! Que todo el que llegue a nosotros se vaya edificado; que nadie logre perturbar nuestra paz ni la alegría de ser siervos del Gran Amo y herederos de Sus bienes. Y Sus bienes son también aquellos que nos niegan y atacan».

«Una de las cosas más importantes que aprendí al lado del Señor en estos últimos cuarenta años es vivir el eterno presente y confiar. Confío plenamente en el Todo. Somos una esquirla del Todo. Tenemos que perfeccionarnos para religarnos a la eternidad, porque la eternidad empieza ahora. Con respecto a los pasos, uno puede aligerarlos o demorarlos de acuerdo con el comportamiento o con la conciencia que adquiera de la Divinidad y con cómo la viva. Lo que podemos concebir fuera de nuestro cuerpo es muy distinto de lo que tenemos que vivir dentro de esta celda de carne. En realidad es imposible explicar lo que nos ocurrirá cuando lleguemos a la eternidad. Lo que realmente importa es saber qué debemos hacer mientras estamos en el cuerpo para alcanzarla. El cuerpo es un vehículo que nos debe conducir a la eternidad; tenemos que usarlo pensando en la chispa divina que llevamos dentro».

 

 

Fuente: Natty Petrosino, por qué creo en Dios, edición a cargo de Juan Ignacio Gilligan. Fotos: Archivo de Lanueva.com

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