Por Sathya Sai Baba

El carácter es lo que marca la vida de un buen individuo. Si estudian cuidadosamente la historia, descubrirán que, antiguamente, las personas se destacaban por el control de sus sentidos.

Tomen el ejemplo de Janaka, el gran gobernante y padre de Sita, que ofreció a su hija en matrimonio a Rama inmediatamente después de que este último rompiera el formidable arco de Shiva (Shiva Dhanush), de acuerdo con lo proclamado. Cuando Janaka le pidió reiteradamente a Rama que mirara a Sita y tomara su mano, Rama miró en otra dirección porque no debía mirar a una mujer hasta atar el nudo del collar nupcial alrededor de su cuello. Este es el ideal que propagó el gran Avatar Rama.

El comportamiento ejemplar de Lakshmana Más adelante, cuando Lakshmana siguió a Rama y a Sita a la selva y permaneció con ellos durante catorce largos años, él jamás miró el rostro de Sita, quien era apenas una joven damisela de dieciocho años. Amplio testimonio del comportamiento ejemplar de Lakshmana proporciona el episodio en que Rama y Lakshmana ganaron la amistad del rey mono Sugriva. Este ordenó a los monos que trajeran el envoltorio con joyas que Sita había dejado caer al ser raptada por Ravana. Cuando Rama vio esto, se sintió abrumado y le pidió a Lakshmana que confirmara si las joyas pertenecían a Sita. Sin embargo, Lakshmana dijo respetuosamente: “Solo puedo identificar los brazaletes que la madre Sita llevaba en los tobillos, ya que yo solía adorar sus pies cada día. No puedo identificar ni los brazaletes que llevaba en los brazos ni su collar, porque jamás he mirado su rostro”.

Debido a semejante comportamiento digno y loable, se los recuerda aun hoy, aunque han pasado miles de años. Los jóvenes deberían cuidar el carácter de ese modo.

Tanto hombres como mujeres tienen que considerar al carácter su mismo aliento vital.

Pueden ir a las aldeas para hacer servicio (Seva). Prestar un servicio desinteresado es la mejor forma de cruzar el océano de la vida de transmigración (Samsara). Los Vedas declaran: “No es a través de la penitencia, ni peregrinando a lugares sagrados que podrán lograr el objetivo de la liberación, sino prestando un servicio a la sociedad”. El espíritu de servicio elimina el ego, y por eso se lo vincula con el progreso en la espiritualidad.

Cuando el gran sabio Valmiki terminó de componer la epopeya del Ramayana, estaba meditando acerca de quién podría propagar esta gran epopeya al mundo entero. Los dos niños Lava y Kusa se presentaron ante él. Cuando le preguntaron sobre qué estaba meditando, Valmiki dijo que quería que la historia del Ramayana, que él había compuesto en forma de poesía, fuera enseñada a la gente y que la Divina Gloria de Rama se difundiera por todas partes.

Los niños se inclinaron con las manos juntas ante el sabio, que también era su preceptor: “Nosotros estamos preparados incluso para sacrificar nuestras vidas a fin de servirte. Danos tus órdenes y las seguiremos”.

Valmiki se sintió conmovido hasta las lágrimas por el espíritu de servicio que mostraron los niños. Les dijo: “Vayan a difundir esta historia épica sin demora”. Valmiki les había enseñado las escrituras y también había moldeado el carácter de los niños. El contenido nectarino de una vasija de barro es mucho mejor que el veneno conservado en una jarra de oro. El cuerpo humano es solo una vasija de barro. Dios está presente en esta vasija de barro en forma de néctar (Amrith). No queremos un recipiente de oro con veneno.

El mundo es tentador como un recipiente de oro, pero está lleno del veneno de los placeres y dolores mundanos.

Difundan el mensaje de que la Divinidad reside en el corazón de las personas y no en santuarios como Tirupati, Badrinath o Prashanti Nilayam. Él es esencialmente el Morador interno del corazón (Hridhayanivasi). Valmiki les dijo a los niños: “Vayan y difundan el mensaje del Ramayana con espíritu de sacrificio desinteresado, por el bienestar del mundo”. Los niños se colocaron rosarios de cuentas y, sosteniendo instrumentos musicales en las manos, comenzaron su viaje sagrado. La inspiración de Valmiki los hizo emprender esta noble tarea con el mayor celo.

Fuente: Discurso del 19 de julio de 1997.

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