
Lo primero que hay que señalar es que la celebración dedicada a “María, Madre de Dios” es la más antigua que se conoce en Occidente. En las catacumbas de la ciudad de Roma -los subterráneos que sirvieron de refugio a los cristianos perseguidos y donde estos se reunían para celebrar la Eucaristía- han sido halladas numerosas inscripciones y pinturas que dan cuenta de la antigüedad de esta celebración mariana.
La Virgen, quien tuvo la dicha de concebir, dar a luz y criar al Salvador de la humanidad, es aquella que protege a todos sus hijos en Cristo, los asiste y acompaña mientras peregrinan en este mundo.
Theotokos, ‘Madre de Dios’
A continuación se presentan algunos datos que pueden ayudar a entender cómo es que desde los tiempos de la Iglesia primitiva se empieza a emplear el nombre Theotokos para hacer referencia a la Virgen María, y cómo desde los primeros siglos de la cristiandad los fieles se apropiaron de él y lo defendieron.
Por otro lado, de acuerdo a un antiguo escrito del siglo III, los cristianos de Egipto también se dirigían a María como “Madre de Dios”, usando las siguientes palabras, hoy hechas oración: «Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios: no desoigas la oración de tus hijos necesitados; líbranos de todo peligro, oh, siempre Virgen gloriosa y bendita». Esta plegaria está recogida en la ‘Liturgia de las Horas’ y el ‘Oficio divino’ desde tiempos inmemoriales, dada su riqueza teológica y espiritual.
Para el siglo IV, el título de “Madre de Dios” ya estaba incorporado en la oración de los fieles y se usaba con frecuencia, tanto en la Iglesia de Oriente (con el griego Theotokos) como en la de Occidente (con el latín Mater Dei). Para entonces, era parte del sentir común de la cristiandad dirigirse a la Virgen María como “Madre de Dios”. Dicho en otras palabras, los cristianos habían hecho suya esa forma de reverenciar y honrar a la Virgen, considerando dicho trato como parte integral de su tradición e identidad.
Los obispos reunidos en el Concilio de Éfeso (año 431), afirmaron la subsistencia de la naturaleza divina y de la naturaleza humana en la única persona del Hijo; y declararon: «La Virgen María sí es Madre de Dios porque su Hijo, Cristo, es Dios».
Aquel día, los padres conciliares, acompañados por el pueblo, realizaron una gran procesión por la ciudad, iluminada por cientos de antorchas encendidas, al canto de: «Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén».
San Juan Pablo II, en noviembre de 1996, señalaba lo siguiente: “La expresión Theotokos, que literalmente significa ‘la que ha engendrado a Dios’, a primera vista puede resultar sorprendente, pues suscita la pregunta: ¿cómo es posible que una criatura humana engendre a Dios? La respuesta de la fe de la Iglesia es clara: la maternidad divina de María se refiere solo a la generación humana del Hijo de Dios y no a su generación divina”. Luego el santo pontífice añadía:
“El Hijo de Dios fue engendrado desde siempre por Dios Padre y es consustancial con él. Evidentemente, en esa generación eterna María no intervino para nada. Pero el Hijo de Dios, hace dos mil años, tomó nuestra naturaleza humana y entonces María lo concibió y lo dio a luz”.
¡Intercede por nosotros, Madre Nuestra!
Para terminar, es importante recordar que María no es sólo Madre de Dios, sino que también es madre nuestra, porque así lo quiso Jesucristo, voluntad expresada en su testamento desde la cruz al apóstol Juan.
ORACIONES
«Dios y Señor nuestro, que por la fecunda virginidad de María
diste al género humano los bienes de la salvación eterna,
concédenos sentir la intercesión de aquella por quien recibimos
al Autor de la vida, Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro.
Amén».
Acto de Consagración a la Virgen:
«¡Oh Señora mía, oh Madre mía!
Yo me ofrezco enteramente a ti;
y en prueba de mi filial afecto te consagro en este día (y en este nuevo año)
mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón;
en una palabra, todo mi ser».