Por Valeria Padilla

Era un día de agosto del 2018 cuando July entró a la ducha, se hizo el autoexamen en sus senos y tanteó una masa que la llevó a recurrir a los especialistas. Los estudios arrojaron que era un tumor benigno: tejido glandular denso que requería seguimiento. Siete meses después, se hizo la mamografía y luego una biopsia: tenía cáncer. “Siento que perdimos algo de tiempo porque al principio pareció ser algo benigno”, dice. Desde entonces se sometió a quimioterapias que la prepararon para una mastectomía radical de vida o muerte donde le extirparon un seno. Para entonces, el cáncer había hecho metástasis en uno de sus ganglios, pero por alguna razón, que ni ella ni los médicos comprenden, las células cancerígenas entraron en parte de sus huesos -cadera, pelvis y parte de la pierna-.

July dice que no se dejó llevar por el duelo. Agarró la que considera su arma más poderosa: el Santo Rosario, y entre lágrimas le pedía a la Virgen María que la sanara. Tres años después de batallar con esta enfermedad, con radioterapias, fuertes medicamentos, rodeada de sacerdotes y allegados que la apoyaron con cadenas de oración, July atestigua que los milagros sí existen.

July Dayana Castillo Castillo, de 39 años, es ingeniera de sistemas, dedicada a desarrollar software en la Alcaldía de Cartagena desde el 2009, pero para ella lo que la identifica es su devoción católica, consagrada a la Virgen de los Milagros. Desde su experiencia, July explica que las advocaciones de la Virgen no son directamente las que sanan, interceden para mostrarle a quienes la invocan, a su hijo Jesús, el sanador y redentor. Además, está convencida de que los exámenes y tratamientos son instrumentos de recuperación en el camino espiritual, donde se manifiesta la ayuda de Dios. Su fe católica viene de niña. Estudió en un colegio de monjas y a los 15 años ingresó a la Renovación Carismática.

Llegamos a la casa de July y ahora ella camina sonriente desde su habitación hasta la sala. Tiene buen peso, luce un vestido a las rodillas, cabello suelto y en gajos hasta los hombros. De ella emana un aroma muy agradable y tiene tantas ganas de vivir que cuesta creer que estuvo muy enferma.

Nos cuenta que su papá murió de cáncer: el señor duró cinco años batallando y cuando él murió un año después ella también fue diagnosticada.

“Mi experiencia con Dios y la Virgen empezó desde antes de hacerme esa mamografía. Mi mamá tuvo un viaje a Bucaramanga (Colombia) y en uno de esos días, cuando yo estaba durmiendo, sentí la voz de Dios que me dijo: ‘Tu mamá me vino a visitar’, es decir, a la Basílica del Señor de los Milagros en Girón, Santander… no sé si estaba soñando o estaba despierta, pero yo le respondí: ‘¿Por qué me cuentas eso?’, y me dijo: ‘Es que me vino a pedir por ti y tu salud’, entonces le dije: ‘Bueno, Dios, si lo que necesitas es que yo crea, yo creo’”, narra.

Tras esa experiencia, July estaba convencida de la revelación que Dios le hizo y no lo pondría en duda al preguntarle a su mamá. Después, la madre confirmó su visita con fotografías, justo el día de la mamografía. “Después de la biopsia, la enfermera me entregó la radiografía, y al llegar a mi casa, vi que el tumor era la silueta de la Virgen de Guadalupe: tenía las manitos junticas y yo sabía que no estaba loca. La llevé al trabajo, la mostré a mis compañeros que son muy marianos y ellos lo confirmaron”, dijo.

Desde ese momento, July reza el Santo Rosario todos los días, pero esa vez pidió a la Virgen de la siguiente manera: “Madre, por algo tu hijo Jesús quiso que tú estuvieras conmigo en este momento, así que te voy a recibir en mi corazón y en mi casa, así como Juan te recibió a ti cuando Jesús en la Cruz se lo pidió”. También pidió un buen trato de parte de quien fuera su médico: en su primera visita con el mastólogo, él la invitó a abrir la ventana del consultorio para orar. “Me repetía: ‘Diga amén’, y yo lo hacía”, recordó entre risas.

Después de esa consulta, July Dayana reconoce que salió saturada de información con tantos exámenes que tocaba realizarse: de huesos, de pulmón, genético, uno derivado de la biopsia… en fin. De ahí fue hasta el Santísimo a pedir por ese problema. Al llegar a casa, dio gracias a la imagen de la Virgen de Guadalupe por ayudarla en su petición: que el médico se conmoviera y la tratara bien, pero después de esa oración miró en el espejo que su cuerpo brillaba como escarcha.

Cuando pensaba que las quimioterapias y radioterapias habían llegado a su fin, July empezó a sentir dolor en su pierna izquierda al punto de no poder bajarse de la cama. Eso sucedió horas antes de su cita con el ortopeda; los primeros exámenes en huesos arrojaron una lesión en el fémur derecho, con un tumor cartilaginoso que es benigno. Lo peor sucedió cuando el intenso dolor se trasladó hacia su otra pierna y July perdió la movilidad, al punto de trasladarse en silla de ruedas y llorar de dolor.

“Me hice una resonancia de caderas y pelvis y salió que tenía metástasis en los huesos por la parte izquierda de la cadera, pero el más comprometido fue el músculo de la pierna. Me fui donde un sacerdote y yo le pedí que repitiera algunas palabras en el sagrario… que dijera que de aquí en adelante todo diagnóstico iba a variar y a ser bueno. Después el doctor me dijo que tenía que ir otra vez a quimioterapia y empecé a llorar. El mundo se me vino encima”.

July sintió que nadaba contra la corriente, y hasta llegó a pensar que quizá le cortarían sus piernas. La buena noticia fue que las quimioterapias serían orales, es decir, con pastillas, que son las que todavía toma y controlan la enfermedad. “Fue más fuerte que las quimios intravenosas. Me faltaba la respiración, se me bajaron las defensas, pero el cabello no se me cayó”, reafirmó.

En medio de su tratamiento hormonal para detener la menstruación y no afectar sus huesos, apareció en los exámenes que la vértebra L5 estaba comprometida. “Ahí sí dije que en mi cabeza no me hacía nada… le dije a Jesús que me abandonaba en sus brazos, que a pesar de que hacía mi mejor esfuerzo la enfermedad me quería ganar, que los días que iba a vivir en la tierra sean porque Él me los quisiera dar”.

Esta vez July fue con su mamá hasta el municipio de Girón a visitar al Señor de los Milagros y al santuario de la Virgen de la Salud, en Páramo, Santander, donde recogió agua que brota de una cascada, que, según los religiosos, sana.

“Me la tomaba todos los días… Empecé a escuchar una voz que me decía que la metástasis se había ido. Aprendí a caminar de nuevo, a subir escaleras (…), me repetí los exámenes y en el reactivo del hueso ya no se veía negro sino gris, lo que significa disminución de lesión. Después me hicieron unas tomas en la cabeza por las lesiones y al entregarme los resultados no tenía nada en mi cráneo y desapareció la de la pierna”, asegura.

En su lucha contra el cáncer, July recibió la unción de los enfermos y, aunque continúa su tratamiento en cadera, se siente sana y entendió que cuando se piensa que no se puede dar más, es Dios quien actúa, pero que la persona pone los peces y los panes para que Él los multiplique.

 

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