La celebración de Cristo Rey cierra el Año Litúrgico en el que se ha meditado sobre las enseñanzas y la vida de Jesús y su anuncio de un Reino de Dios en la Tierra. En boca de Jesús el “reino” significa también un estado del corazón (Lc. 17,20-21), representa una influencia que debe impregnar las mentes de los seres humanos si quieren ser uno con Dios y ser instrumentos del Amor Divino; el “reino” crece en secreto en nuestros corazones, y gradualmente con cada acción de amor desinteresado, como en la parábola de la semilla.

Durante el anuncio del Reino, Jesús nos muestra lo que Él significa para nosotros como Salvación, Revelación y Reconciliación con Dios, frente a un mundo dominado por la falsedad y la mentira. En la actualidad, ante la mentira institucionalizada que existe en el mundo, la Matrix en la que vivimos construida por medios de comunicación y gobiernos corruptos, Jesús nos da las enseñanzas para vivir en un camino de verdad, luz, paz, y pureza.

Jesús responde a Pilatos cuando le pregunta si en verdad Él es Rey: “Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos; pero mi Reino no es de aquí” (Jn 18, 36). Jesús no es el Rey de un mundo de miedo, mentira y pecado, Él es el Rey del Reino de Dios que trae y al que nos conduce.

Dice el papa Francisco: “Aquí está nuestro Rey, Rey de cada uno de nosotros, Rey del universo porque ha cruzado las fronteras más lejanas de lo humano, ha entrado en los agujeros negros del odio, en los agujeros negros del abandono para iluminar cada vida y abrazar cada realidad. Hermanos, hermanas, ¡este es el Rey que celebramos hoy! No es fácil entenderlo, pero es nuestro Rey. Y la pregunta que hay que hacerse es: ¿es este Rey del universo el Rey de mi existencia? ¿Creo en Él? ¿Cómo puedo celebrarlo como Señor de todas las cosas si no se convierte también en el Señor de mi vida?”.

Cuando Jesús es crucificado también es cuestionado en su realeza. Explica Francisco sobre ese momento trascendente: “Y todos estos curiosos comparten un estribillo, que el texto relata tres veces: “¡Si eres rey, sálvate a ti mismo!” (cf. vv. 35.37.39) ¡Lo insultan así, lo desafían! Sálvate a ti mismo, exactamente lo contrario de lo que hace Jesús, que no piensa en sí mismo, sino en salvarlos a ellos, que lo insultan.(…) Esta era la ola del mal, que estaba allí en el Calvario. Pero también existe la beneficiosa ola del bien. Entre tantos curiosos, uno se involucra, concretamente el “buen ladrón”. Los demás se ríen del Señor, él les habla y les llama por su nombre: ‘Jesús’; muchos le echan la bronca, él confiesa sus errores a Cristo; muchos le dicen ‘sálvate’, él reza: ‘Jesús, acuérdate de mí’ (v. 42). Sólo se lo pide al Señor. Hermosa oración esta. Si cada uno de nosotros lo recita cada día, es un hermoso camino: el camino de la santidad: “Jesús, acuérdate de mí”. Así, un malhechor se convierte en el primer santo: se acerca a Jesús por un momento y el Señor lo mantiene con él para siempre. Ahora, el Evangelio habla del buen ladrón para nosotros, para invitarnos a superar el mal dejando de ser espectadores”.

“El Reinado Social de Cristo puede definirse de una manera sencilla como la ordenación de todos los aspectos de la sociedad de acuerdo con las leyes de Dios Todopoderoso, para que la Humanidad pueda alcanzar con mayor facilidad el propósito último de su vida: conocer, amar y servir a Dios en esta vida y ser feliz con él en la siguiente en el Paraíso. Aunque la aplicación de tal concepto es más o menos idéntica en cada país, varía en sus especificidades de acuerdo con los talentos y el comportamiento de cada pueblo”, explica por su parte Elijah Francis Morales.

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