Por Sathya Sai Baba

El ser humano no puede lograr nada sin el poder motivador de la mente. Él se llena de orgullo basándose en su riqueza, fuerza física, erudición y posición. Sin embargo, pocos comprenden a dónde conduce el Ahamkara (el egoísmo) que enciende este orgullo.

A menudo, los hombres reciben la bendición de los mayores para que tengan cien años de vida. Sin embargo, la experiencia muestra que muchos mueren en la edad madura o antes. Nadie conoce la verdad acerca de la duración de su vida. La promesa de cien años de vida no debería aceptarse con ojos cerrados.

La vida puede llegar a su fin en cualquier momento, en la niñez, el estado adulto o la vejez; y en cualquier lugar, en el agua, en la tierra o en el cielo, en un bosque o en una ciudad. (Swami recitó un poema, en este contexto.) Nadie puede determinar la duración de la vida de alguien. Entonces ¿por qué las escrituras mencionan un lapso de vida de cien años para el hombre?

Ésta no es una mera fantasía de los autores de las escrituras.

Es la verdad. Cada hombre debería vivir cien años. ¿Cuál es la razón de la muerte prematura? Las malas tendencias del hombre, tales como la arrogancia, la envidia, los malos pensamientos y las malas acciones van cortando la vida del hombre en pedazos.

Las malas cualidades acortan la vida del hombre.

Cuando la vida de un hombre esté llena de buenos pensamientos y buenas acciones, podrá vivir cien años. El secreto de la longevidad disfrutada por los antiguos sabios es precisamente éste. Hoy, el hombre malgasta su vida en malos pensamientos y malas acciones y termina mal su vida.

El egoísmo empaña la visión del hombre. Cultiven con ahínco buenos pensamientos y buenas acciones. Desarrollen devoción a Dios. Hoy, la fe en Dios ha declinado y el respeto por la rectitud ha disminuido. La devoción está siendo desechada. En tal situación, ¿cómo puede cumplirse la promesa de una vida de cien años?

Las personas deben desarrollar fe en el Ser. Sin fe en sí mismo, ¿cómo puede un hombre inspirar confianza en otros? Él debe tomar conciencia de su Divinidad. Un hombre ciego no puede ver el sol. Un ser humano lleno de ego no puede conocer su Atma. El egoísmo empaña la visión como una película.

Libérense del egoísmo. Toda la riqueza, la posición y el poder son transitorios como nubes pasajeras. ¿Acaso una persona que dedica la mitad de su tiempo a ganar dinero pasa incluso una fracción de ese tiempo en pensamientos acerca de Dios o en actividades dedicadas a ayudar a otros? Su vida entera está dedicada a búsquedas egoístas. Su apego a cada objeto tiene sus raíces en el egoísmo. Su amor por otros también se basa en el interés propio. La más leve indagación revelará lo profundamente arraigado que se halla este egoísmo. En una preocupación totalmente sin sentido por intereses egoístas, el ser humano está sacrificando el Espíritu perdurable y eterno.

Discurso del 1 de Junio de 1991

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