Por Sathya Sai Baba

Una persona que ha dominado los Vedas y el Vedanta puede ser reconocida como un sabio, otra puede ser alabada por sus brillantes escritos en prosa y verso; pero si esos eruditos no tienen pureza de conciencia ni ideales que los enaltezcan, sus capacidades pueden ser más dañinas que benéficas, pues no promoverán la felicidad de la gente ni la paz social. Su vida transcurrirá sin la conciencia de su santidad o sublimidad.

La vida proveniente del alimento es corta; la vida proveniente del Alma es eterna.

No pretendan una vida larga, sino una vida divina.

No suspiren por más años sobre la tierra, sino por más virtudes en el corazón.

Buda supo y dio a conocer al mundo las verdades: todo es dolor, todo está vacío, todo es fugaz, todo está corrompido; así que el hombre inteligente tiene que cumplir con discernimiento, diligencia y desapego los deberes que se le han impuesto. Desempeñen el papel, pero mantengan su identidad inafectada.

Tengan su mente en el ashram (lugar donde vive un Maestro) del bosque, sin ser alterada por el mundo acelerado y sin rumbo.

Es su deber, un deber del que no pueden escapar; ocuparse totalmente en su trabajo, sin inquietarse con la pérdida o la ganancia, el fracaso o el éxito, la calumnia o el elogio.

Ésta es la lección que el Gita (escritura sagrada de la India con las enseñanzas del Avatar Krishna)  inculca en ustedes: “Quienquiera que haga adoración sin pensar más que en mí, a él lo tendré conmigo; llevaré su carga ahora y siempre”. El Gita dice: “Teniéndome siempre en la memoria, empéñense en la batalla de la vida”.

Discurso del 23 de noviembre de 1975

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