Lha Bab Duchen: el Festival del descenso del Buda del reino celestial

Durante Lha Bab Duchen, las consecuencias kármicas de todas las acciones (positivas y negativas) se multiplican por 100 millones. Por eso, es recomendable invertir este día tan auspicioso en hacer prácticas espirituales para avanzar con más rapidez en el camino hacia la Iluminación.

¿Qué es Lha Bab Duchen?

Lha Bab Duchen significa “Festival del descenso del Buddha del reino celestial”, y es una de las cuatro grandes festividades del budismo tibetano. En él se celebra el retorno del Buddha a la Tierra tras haber impartido enseñanzas a su madre durante noventa días en el Cielo de los Treinta y Tres.

¿Cuál es la historia detrás de Lha Bab Duchen?

Mayadevi, la madre del Buddha, falleció al poco tiempo de darle a luz, tras lo que había renacido en el Cielo de los Treinta y Tres. Cuarenta años más tarde, el Buddha la visitó para devolverle la bondad con la que lo había cuidadoY lo hizo enseñándole, junto al resto de seres celestiales, el camino hacia la Iluminación.

Después de tres meses, Maudgalyayana, uno de los discípulos más cercanos del Buddha, le pidió que volviera a la Tierra. Tras insistirle, accedió. Entonces, los dioses Indra y Brahma desplegaron una kilométrica escalinata por la que el Buddha descendió hasta Sankisa, una aldea al norte de la actual Uttar Pradesh (India).

¿Cuándo se celebra Lha Bab Duchen?

Lha Bab Duchen se celebra el 22.º día del noveno mes del calendario lunar tibetano. Por eso, cada año se celebra un día diferente. Las próximas fechas son:

  • 2018: 31 octubre
  • 2019: 19 noviembre
  • 2020: 6 de noviembre
  • 2021: 27 de octubre

¿Qué enseña la Festividad por el Descenso del Buddha?

1. La importancia de devolver la bondad de la madre

En el budismo, la madre es reverenciada: nos cuida en su vientre, nos alimenta, protege, educa y ama sin esperar nada a cambio. Solo busca que seamos felices. Hoy, gran parte de lo que somos se lo debemos a ella, incluida la preciosa oportunidad de practicar el Dharma.

La visita del Buddha nos invita a beneficiar a nuestra madre. Y el mejor regalo, el único que puede devolverle todo lo hizo por nosotros, son las enseñanzas espirituales. Compartirlas con ella, de acuerdo a su apertura y capacidades, planta en su mente la semilla de toda felicidad, tanto mundana como última.

2. La necesidad de pedir enseñanzas

El Buddha beneficia a los seres de innumerables maneras. Sin embargo, la más provechosa es enseñándoles cómo alcanzar la Iluminación. La dificultad está en que son enseñanzas muy diferentes a la idea popular sobre qué es la felicidad.

Los maestros, como consecuencia, se hacen de rogar.

El candidato a estudiante no solo debe pedir, sino insistir en recibir enseñanzas. El motivo es que esa es la mejor señal de que cuenta con el interés y la apertura necesarios para aprovecharlas.

3. El universo está más poblado de lo que creemos

¿Reino celestial? ¿Dioses con parasoles? ¿Escalinatas interdimensionales?

Lha Bab Duchen incomoda a quienes filtran el budismo con una visión materialista. Así que, antes de precipitarse y concluir que esta festividad es una paparrucha mitológica, es importante entender dos puntos clave.

3.1. El reino celestial representa los estados mentales placenteros

Y la visita del Buddha, la importancia de la práctica espiritual incluso cuando la vida nos sonríe.

Por supuesto, no hay nada malo en disfrutar.

Sin embargo, el bienestar que surge del placer, las posesiones, la fama y las alabanzas es limitado. Depende de condiciones externas y temporales, y se desvanecerá cuando estas lo hagan.

La felicidad genuina nace de vencer el egocentrismo y eliminar la ignorancia fundamental. Por eso, el Buddha nos anima a mantener una visión a largo plazo. Así, sin importar las circunstancias, siempre crearemos las causas y condiciones para superar nuestras limitaciones y desarrollar todo nuestro potencial.

3.2. El reino celestial es un plano de existencia

Para entenderlo, tenemos que comprender cómo funciona la ley del karma. Los seres siempre experimentan el resultado de sus acciones. Cada acción, positiva o negativa, deja una semilla que se acumula en la conciencia más sutil de la mente (la misma que pasa de una vida a otra).

Justo antes de la siguiente vida, muchas de las semillas germinan, determinando:

  • El cuerpo en el que se renace
  • Las tendencias a actuar
  • Las experiencias que se viven
  • Y el entorno que se habita

La vida de los celestiales es el resultado de muchas y poderosas acciones virtuosas. Estas se manifiestan como abundancia, gozo y un entorno rebosante de belleza y comodidades. Y aunque no tienen cuerpos físicos ni habitan un lugar geográfico, su realidad es igual de válida que la nuestra.

Es como una dimensión paralela. Pero hiperazucarada.

El problema es que semejantes lujos son temporales. Al agotarse el karma positivo que los sustenta, también se acaba esa existencia. Los celestiales se deleitan en el presente, pero no invierten en asegurar su futuro.

¿El resultado? Renacen en cualquier forma… menos la celestial.

El Buddha, consciente de ello, visitó esta dimensión para advertir a sus habitantes (su madre incluida) y transmitirles las enseñanzas de la Liberación.

Tras hacerlo, y mientras descendía a la Tierra, fue escoltado por Brahma e Indra. Aunque estos dioses, según el hinduismo, son la cima de la existencia, su posición no es tan privilegiada en el budismo.

Por eso, el respeto con el que tratan al Buddha demuestra la insuperable excelencia del Maestro Iluminado y sus enseñanzas en todos los reinos de existencia.

¿Qué te parece Lha Bab Duchen? ¿Cómo vas a celebrarlo? 

Fuente: paramita.org

 

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Autor entrada: Padme

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